Corrientes no puede salir de esa realidad casi asfixiante mientras no exista esa reivindicación económica que sería, por caso, reconocer los fondos de manera íntegra de sus recursos naturales
Al salir a agitar los números de la pobreza que el Indec arrojó para el último trimestre del año pasado, surgieron como secuencia la mirada de varias organizaciones e instituciones que afirmaron que esos datos, quedaron solamente en las estadísticas.
Sucede que el ritmo de la inflación, de la desocupación, de la falta de aliento al consumo y una política para activar la microeconomía, conspiraron contra ese dato que resulta, entonces, solo la foto de un momento en medio de una película de terror para los argentinos de la clase media y de la baja.
Y si a esos indicadores y opiniones se suman los datos finos, se podría establecer un parámetro que, para el Nordeste, resulta desalentador.
El Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (Indec) informó que la pobreza cerró el 2025 en 28,2%, donde la variación fue cambiando en las distintas ciudades del país.
Según supo la Agencia Noticias Argentinas, la pobreza alcanzó a 8,5 millones de personas al cierre del último año, donde el índice bajó 3,4 puntos porcentuales (p.p.) respecto al primer semestre y se ubicó como la cifra más baja desde 2018, cuando cerró en 27,3%.
En cuanto a la indigencia, el número final del 2025 cerró en 6,3% (0,6 p.p. menos) y alcanzó a casi 2 millones de personas. La diferencia con la pobreza se basa en la capacidad de cubrir la Canasta Básica Alimentaria (CBA) y Total (CBT).
Sin embargo, el último dato difundido por el Indec muestra que todavía hay 13 millones de personas que continúan bajo esta condición.
Pero el resultado cambia cuando se observa ciudad por ciudad, donde en algunos casos el número de pobreza supera el 40%.
Entre las 10 ciudades con mayor pobreza, encabezan la lista dos ubicadas en la región: Concordia con el 49,9%, y el Gran Resistencia con el 42,2%.
Estos datos infieren que en ambos conglomerados (ubicados en los límites más cercanos a la provincia de Corrientes) representan una realidad regional de la que nuestra provincia no está afuera.
Desde hace casi una década el gobierno local comunica que la administración de los recursos se da de manera responsable, con déficit cero y, aun más, con superávit.
Para una provincia que no cuenta con inversiones de gran porte que pueda contener a la masa laboral, y que depende de la discrecionalidad nacional para los recursos coparticipables y de los otros, esa premisa es la correcta. Sin embargo, la realidad nacional, de una zona donde las grandes inversiones pasan de largo o bien quedan en cajones oficiales de la gran metrópoli, golpea y más durante las etapas de crisis.
Corrientes no puede salir de esa realidad mientras no exista esa reivindicación económica que sería, por caso, reconocer los fondos de manera íntegra de sus recursos naturales. Esto es el dinero que genera Yacyretá, y lo que corresponde de Salto Grande, como para empezar.
Habría que sumarle a esa deuda la mirada plena a una provincia que entregó todo (en materia de institucionalidad y constitución del país) y que reclama ese lugar que le corresponde.
Pero esa espera, que se hace larga, debe venir con un reclamo sostenido, pleno, y ágil en las medidas a encarar. La Corte Suprema habilitó recientemente un marco de diálogo para conseguir el entendimiento, pero no es suficiente. Desde lo cotidiano sería menester encarar la actividad con esa premisa, y no la de una mirada de pobreza como proponen desde Buenos Aires.s
Corrientes no puede salir de esa realidad casi asfixiante mientras no exista esa reivindicación económica que sería, por caso, reconocer los fondos de manera íntegra de sus recursos naturales.